La riboflavina es evaluada y monitoreada por la Farmacopea de los Estados Unidos (USP), junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quienes establecen estándares sobre su pureza, humedad, solubilidad y estado libre de contaminación de metales pesados y patógenos microbianos. Imponen un requisito mínimo de más del 98% para la riboflavina junto con otros factores. Estipulaciones adicionales para la industria farmacéutica incluyen la tasa de disolución y estabilidad. Como riboflavina de grado alimenticio, esos estándares también deben cumplirse en términos de uso como aditivo alimentario mientras se protege a los consumidores.